Los ácidos grasos son grasas de alta calidad que se integran a la envoltura de cada una de nuestras células dándoles permeabilidad selectiva. Debido a esta permeabilidad de la membrana celular pueden ingresar a cada célula los nutrientes que la mantienen con vida y permite expulsar los desechos producto de su metabolismo. Células adecuadamente nutridas y limpias son aptas para cumplir sus funciones, integran órganos eficientes y otorgan una mejor calidad de vida al ser humano. Las células son los tabiques de que está integrado nuestro edificio físico. Un edificio es tan fuerte como la calidad de sus componentes; células funcionales nos hacen más preparados para enfrentar las distintas enfermedades y disfrutar de una vida prolongada. Se les conoce como ácidos grasos esenciales y deben ser ingeridos o usados desde la etapa de gestación hasta el último instante en la vida de cualquier individuo. Su ingesta es tan necesaria como lo es el consumo de vitaminas, proteínas o minerales.

Los ácidos grasos integran la bicapa lipídica de la membrana de cada célula. El estado adecuado de las células y el intercambio de nutrientes, oxígeno y la expulsión de productos de desecho dependerán del correcto aporte de esta variedad de grasas poliinsaturadas al organismo.

La membrana celular sólo puede ser atravesada por cierto tipo de moléculas por difusión simple mientras que otras moléculas solo pueden cruzar por medio de transportes especializados conocidos como receptores de membrana. Una membrana celular deficiente da lugar a una muerte prematura de la célula por falta de nutrientes y acumulación de toxinas. La importancia de la membrana celular se acentúa si tomamos en cuenta que es el 75% del total de la célula.

La columna vertebral de esta investigación son los ácidos grasos . Hemos centrado la atención en los ácidos grasos por el papel tan importante que juegan en la vida de la célula y en la salud humana.

El papel de los ácidos grasos en la salud se determinó por primera vez suprimiéndolos en la alimentación de animales de laboratorio. Las consecuencias fueron, entre otras, la pérdida de pelo y escamamiento de la piel.

Al restablecerles los ácidos grasos en su alimentación hubo una recuperación y desaparición de estos efectos negativos.

Cuando hay carencia de ácidos grasos poliinsaturados en la dieta, el organismo emplea grasas saturadas que carecen de la funcionalidad requerida, dificultando la expulsión de residuos de las células, con su consecuente envenenamiento y el desaprovechamiento de los nutrientes alimenticios que se ven entorpecidos de ingresar a las mismas. Una célula intoxicada y mal nutrida dista mucho de ser funcional con lo que hay desequilibrios en nuestro funcionamiento orgánico.

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